Krabi

En 2013 cuando decidimos viajar al sudeste asiático, consultamos con mis primos Flavia y Fernando (gracias!) que habían estado por ahí unos años antes. Cuando hablamos de las playas de Tailandia, nos recomendaron ir a Krabi, más que a Phuket. Ese año paramos unos días en Patong, Phuket que, tal como nos dijeron, está lleno de gente y es un destino más que nada para ir de joda y otros cinco días en Ao Nang, Krabi. Nos enamoramos de Krabi y de la cultura thai.

El año pasado volvimos directamente a Ao Nang, por 9 días. Si bien notamos que el centro turístico creció, hay más tiendas, más gente en la calle, el ambiente es mucho más relajado y las playas son hermosas. Nos alojamos en el Sabai Resort por segunda vez, es un complejo de cabañas simples, pero con todo lo necesario, limpias, con un jardín y pileta muy lindos. Está a una cuadra de la playa Nopaharatthara, que es muy linda, pero el agua siempre está muy baja por la marea.

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El desayuno se sirve en el restaurante del hotel, Da Carla, que está abierto casi todo el día y sirve comida thai y europea, sobre todo italiana, a muy buenos precios.

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Casi todos los días fuimos caminando hasta el centro para tomarnos el bote (long tail boat) hasta Railay Beach, donde se puede nadar tranquilo, tomar sol, hacer kayak o tomar algo en los restaurantes. Desde ahí también se puede ir caminando hasta Railay east, donde se pueden ver los long tail boats y un paisaje diferente, pero no hay playa, y a Phra Nang, otra playa hermosa, a la que se llega acompañado por monitos por un camino de estalactitas y estalagmitas. Se puede hacer playa, escalar rocas y visitar la cueva de la Princesa Phra Nang.IMG_3443-webIMG_3467-webIMG_3471-webMucha gente va a ver el atardecer a las escalinatas en el centro de Ao Nang, vale la pena. El sol se pone sobre el mar, las nubes en el fondo parecen montañas, las islas parecen nubes…IMG_3421-web

Los 9 días se pasaron volando, entre excursiones (Tiger Cave Temple, Kayak en Bor Thor, etc) y días hermosos de playa. A la noche solíamos sentarnos en la entrada de nuestra cabaña, escuchando el sonido del jardín y salíamos a cenar al centro o a Da Carla, donde siempre está la familia de los dueños cenando juntos y alborotados al estilo italiano.

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